Editorial de Julio
El silencio que necesitamos
Poco a poco, casi sin darnos cuenta y en muchos casos sin querer hacerlo, muchos de los velos que habíamos puesto ante nuestros ojos, especialmente ante los ojos de nuestras capacidades para apreciar el sentido de las cosas y sentirlas, han ido cayendo.
Ahora, asombrados, sabemos que nuestro mundo, ese mundo que hemos creado en la ficción de nuestro pensamiento ilusorio, es como siempre fue, armónico y orgánico, inesperado y creativo e imposible de describir con la simplificación de nuestra lógica.
Creímos que su instrumentalización sería posible y que tendríamos la posibilidad de dominarlo, someterlo y explotarlo a nuestro antojo…, pero con la caída de tantos velos empezamos a ser conscientes de que nos faltan palabras que nos cuenten cómo es realmente eso que llamamos nuestro mundo, nuestra vida; también está aconteciendo que nos vamos dando cuenta de que el mundo y la vida son un algo misterioso que a nadie pertenece y que ha llegado a manifestar lo que ahora manifiesta, incluida la especie humana, sin el concurso de nuestra pretenciosa y absurda supuesta superioridad.
Raudales de información circulan por doquier, se conocen datos de la catástrofe desatada en el Planeta aunque la magnitud es tal que nadie acierta a precisarla; lo que se ha podido medir y comparar con lo que ha acontecido en los miles de millones de años permite saber que el entorno que conocemos, clima, especies, o agua por ejemplo, puede tener modificaciones que produzcan una nueva extinción, sólo que ahora eso lo estamos viviendo con conocimiento y con una previsión de decenas de años solamente.
Los datos más habituales, más fáciles de encontrar, son los referidos a lo que pone en peligro nuestra forma de vida, sin embargo olvidamos que nuestra vida tiene una característica sorprendente y maravillosa, la consciencia y sus potencialidades, la capacidad de nuestra especie de contemplar y de saber, esto no debería quedar fuera de nuestras consideraciones.
Es imprescindible volvernos a contar el mundo y encontrar en el silencio de la contemplación esas nuevas palabras que sean capaces de señalar cómo es vivir en armonía y con el respeto que produce apreciar la pureza original de todo lo que se manifiesta. La posibilidad de una forma  pacífica, inteligente y creativa es una excelente idea para continuar la aventura de la evolución.
El proyecto "La Aventura de Comprender, La Aventura de Sentir" ha sido concebido para cooperar en el logro de una cultura más acorde con el planeta entendiéndola como explicación y sentido de la existencia; como referencia de las posibilidades inteligentes y creativas de acuerdo con la gran cantidad de factores que intervienen en cualquier actividad y, también, atendiendo a la repercusión de nuestras acciones en el conjunto de la Naturaleza, en un intento plausible de superar la cada vez más evidente, enorme y devastadora diferencia que hay entre lo que creemos ser y lo que realmente somos.

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